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Literatura

Mar102012
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Redacción

fernandovelazquezmedinaa-elrollohigienico

Un joven artista pobre recibe una invitación que no puede rechazar: realizar falsificaciones de cuadros famosos o copiar el estilo de no menos famosos pintores. Asi entra en el mundo del mercado negro del arte de La Habana, lleno de oropeles y engaños, pero también de sumas de dinero desconocidas en el mundo comunista. Corrupción, prostitución, explotación, trasiegos ilegales, contrabando y contactos con la incipiente mafia rusa y cubanoamericana con el trasfondo de los bellos paisajes del Caribe.

Basada en hechos reales, Falsificadores es la última novela de Fernando Velázquez Medina escrita en coautoría con el pintor Jesús Rivera, quien aporta su memoria de unos hechos que vivió en primera persona. La realidad y la ficción se funden con la verdad y la mentira que subyacen en el mundo del arte isleño, con más del 40% de las obras que cuelgan de las paredes de galerías y coleccionistas en duda en cuanto a su origen.

De su anterior y primera novela Última rumba en La Habana, publicada en el 2001 en Nueva York y reeditada en 2009 por la editorial canaria Baile del Sol, la crítica puso el acento en el potente ensamble argumental articulado a través de una estructura narrativa inusual, y una prosa exquisita que enfatiza el discurso de la realidad demoledora que cuenta la mulata pelirroja con la utilización de referencias cinematográficas y musicales. Y es que Fernando Velázquez Medina es un crítico de cine y literatura cubanos que trabajó en medios como El caimán barbudo, Revolución y Cultura, Bohemia, Letras Cubanas y Juventud Rebelde, antes de entrar a formar parte de la nómina de escritores disidentes que le valió su paso por prisión y su salida de la isla en 1995 destino New Jersey.

Por su parte, la memoria que inspira Falsificadores es la de Jesús Rivera, artista figurativo, ceramista y grabador cubano con domicilio también en Nueva York.

El espacio pictórico de Jesús Rivera deviene en espacio metafórico de rastreo, de búsqueda, de descubrimiento de la sustancia poética que habita el recuerdo y el encuentro. El simbolismo de sus imágenes recurrentes (la rueda, los muros contundentes apenas fracturados, el reloj...) y la sobriedad cromática provocan una tensión entre imagen y significado, un discurso que nos revela el pulso de la vida, la realidad de la superficie y el trasfondo, la fuerza invasora de la representación.

Jesús Rivera es uno de los pintores protagonistas de Un pintor, un cuadro, la serie de documentales dirigidos por Ricardo Vega sobre pintores cubanos en el exilio, producidos por Zoé y Gustavo Valdés para Lunáticas Productions.

El Rollo Higiénico ha tenido la oportunidad de entrevistar a Fernando Velázquez Medina y a Jesús Rivera, quienes nos presentan Falsificadores y nos hablan de la realidad de la creación cubana en el exilio.

ERH Falsificadores está basada en una historia real. ¿El recuerdo, la nostalgia -y me remito a esa referencia en Última rumba en La Habana, acerca de la doble muerte que vive el cubano dentro y fuera de la isla-, la sabiduría popular como transmisora de la tradición, de la cultura aprendida tan presente en vuestra obra literaria y pictórica, tiene que ver con la necesidad de construir una memoria colectiva aún desde la posición del exilio?

FVM Cuba es un mito. Desde su descubrimiento y colonización se convirtió en un ideal para Europa, para el Imperio español y para sus propios pobladores. Y La Habana es el resumen de ese mito; una pequeña aldea de pescadores que se convierte en la llave de las Antillas, la perla del Golfo, del Mar Caribe, que era también llamado el Mar de los Caníbales o mar de las Lentejas en los primeros tiempos. Y La Habana, junto con Cartagena, eran las capitales de ese Mar

Los cubanos no pueden olvidar ese ambiente especial. Y los escritores exiliados menos: nuestro primer gran escritor, Heredia, murió en México. El segundo, Martí, vivió casi toda su vida desterrado y regresó a Cuba para morir en combate; nuestra gran escritora, Gertrudis Gómez de Avellaneda, murió en España. Cabrera Infante en Inglaterra, Carpentier en Francia, como Severo Sarduy. Cirilo Villaverde, nuestro primer genial novelista murió en New York, como Reinaldo Arenas cien años después. Gastón Baquero en España y Eliseo Diego en México, al igual que su hijo Eliseo Alberto. El gran cuentista, Alfonso Hernández Catá pereció en un accidente en España. Pero todos miraban a Cuba y escribían sobre ella. Gran parte de la mejor literatura cubana se ha hecho en el extranjero, en el destierro. Nosotros no podíamos escapar a ese destino de crear, y recrear y destilar esa "cierta manera" cubana, que tan bien analizó el ensayista y novelista Antonio Benítez Rojo –por cierto, muerto lejos de Cuba, en Massachusset-, en su libro 'La Isla que se repite'.

ERH La verdad desoladora y la mentira superadora ¿Cómo se posiciona el creador para afrontar esa realidad que revierte los términos propios de la creación?

FVM Los artistas cubanos siempre han enfrentado esa dicotomía. Ahí está el ejemplo de Wifredo Lam y su cuadro La jungla. O la obra de Alejo Carpentier. Coexisten la realidad y la mentira, complementándose. El arte cubano es una muestra constante de esa síntesis, que permea con fuerza la sociedad latinoamericana. La arquitectura y escultura religiosa del Aleijadinho, Antonio Francisco Lisboa, en Brasil o el sincretismo de las vírgenes negra e india de Cuba y México, la Caridad del Cobre y la Guadalupe son muestra de ellos. En la literatura, lo real maravilloso, un derivado del surrealismo francés, se ha mezclado con la influencia del neorrealismo y otras corrientes ya viejas, pero que en manos de los escritores cubanos se convierten en 'otra cosa', como la música europea tocada por una orquesta de negros y con instrumentos de percusión, es otra música. Recuerda que Tata Güines, el gran percusionista cubano, fue el primero en acompañar un ballet con dos bailarines excepcionales como Alicia Alonso y Antonio Gades.

Hacemos las cosas de otra manera que le da un cierto "toque de distinción'.

ERH Marginalidad, sensualidad, esperanza... ¿qué porcentaje ocupan en el paisaje social de Cuba?

FVM Todo el paisaje. Casi toda la población cubana vive en la marginalidad, cometiendo pequeños, o grandes, delitos para sobrevivir. En cuanto a la sensualidad, eso en Cuba es innato. Las madres o las hermanas y amigas enseñan a las niñas a caminar provocativamente. Y el trópico hace el resto. En cuanto a esperanza, el cubano siempre ha salido de los más graves problemas de la historia o personales, con una sonrisa y se ha levantado. La esperanza es lo último que se pierde. Por algo el título del libro de un conocido exiliado cubano es 'Contra toda esperanza'. Los cubanos somos sobrevivientes.

ERH ¿Falsificadores es un trasunto del espejismo de la vida cultural cubana?

FVM Falsificadores es una obra de ficción en la que todo, o casi, es verdad, ocurrió así o muy parecido en la vida de Jesús, sobre todo y más o menos en la de Fernando. Los dos conocemos las cárceles cubanas, el bajo mundo de La Habana y a muchos personajes de la intelectualidad cubana de los ochenta hasta ahora. Ahora bien, la vida cultural cubana no es un espejismo, es totalmente real. Desde los tiempos de la esclavitud Cuba tenía escritores y músicos de renombre y salones literarios a donde iban esos artistas y los pintores que se asentaban por allá. La burguesía cubana era capaz de estimular a un negro si este era un músico excepcional, como Brindis de Salas, que se convirtió en uno de los violinistas más destacados del mundo en el siglo XIX, por lo que lo llamaban 'el Paganini negro'. Y de esa vida intelectual surgieron gentes como Heredia, Martí, Lezama Lima, Carpentier, Nicolás Guillén, Gastón Baquero, Wifredo Lam, Amelia Peláez.

Y hoy día Leonardo Padura, Abilio Estévez, Pedro Juan Gutiérrez, Ena Lucía Portela, entre los escritores, y Gustavo Acosta o Tomás Sánchez entre muchos otros artistas visuales, que han llamado la atención de la crítica internacional.

ERH Después de años fuera del escenario cubano ¿Es factible dirimir el equilibrio entre memoria e imaginación? ¿Qué consecuencias trae la ubicación geográfica?

FVM Esa es una capacidad individual. Hay quienes pueden y otros no. Las más importantes novelas cubanas del siglo XIX se escribieron fuera de Cuba, Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde y las de Gertrudis Gómez. Wifredo Lam, Carreño, Cundo Bermúdez hicieron gran parte de su obra en el extranjero.

Ahora bien, muchos otros creadores no lo han logrado: Lidia Cabrera, Carlos Montenegro o Lino Novás Calvo, murieron en el exilio sin lograr escribir algo comparable a lo que hicieron en Cuba. Es un problema de temperamento y de fuerza de voluntad, además del talento, claro, que todos ellos poseían; pero la tristeza y el olvido pueden destruir a un creador.

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ERH ¿Por qué la escritura?

JR Después de la lengua hablada la escritura es la representación del pensamiento por signos gráficos más convencional y la que puede llegar más fácil y rápidamente a comunicar el conocimiento humano. Las artes visuales manejan una serie de códigos que, hasta cierto punto, pertenecen a un universo más elitista y abstracto. En el siglo XX el arte dio un cambio grande de lo contemplativo a lo conceptual, haciéndose más independiente, antisocial y esotérico, si así pudiéramos llamarle a su intento de separación de las masas populares, aunque estas han tratado de manifestarse por este medio en muchos momentos.

También las artes visuales contemporáneas carecen de espacio para las magnas descripciones como en los grandes paneles de El Bosco o las obras de epopeyas de otros artistas del barroco o el renacimiento; el arte contemporáneo nos robó esos espacios y los cínicos del arte resumieron el tiempo gráfico a las necesidades modernas, o sea el mundo de la plástica contemporánea carece de una vertiente descriptiva o literal, aunque el arte latinoamericano barroco, en ocasiones, presuma de ser descriptivo.

La escritura es entonces la vía a que recurrí para exponer a la luz pública acontecimientos muy vinculados con mi vida y mi trabajo. Escribiendo pude recrear mis memorias y verlas más hiperreales, digamos en este caso como un "hiperrealismo sucio tropical".

ERH ¿Cómo ha sido el proceso creativo de Falsificadores? ¿Cómo se mantiene el pulso literario a cuatro manos? ¿Cuánto tiempo os ha llevado escribirla?

FVM Jesús aportó sus memorias y sus conocimientos de arte y del mundo artístico cubano. Fernando el conocimiento literario y la visión crítica que desarrolló en la revista Caimán Barbudo, así como sus estudios de cine. Y esa materia hay que darle un formato que sea agradable, dinámico, casi alucinante. Ese debe ser el producto final. Casi una película, pero literaria, sin causar cansancio en el lector. Lo que algunos llaman un best seller culto. Y la escritura a cuatro manos es un trabajo de equipo, sólo hay que coordinar: Jesús escribe sus recuerdos y Fernando los ficcionaliza, perdonando el neologismo. Y agregar muchos elementos de la época, que no está muy alejada en el tiempo, pero la situación cubana es muy cambiante, aunque parezca estática. En cuanto a tiempo de escritura, todavía está en proceso creativo y en ella hemos trabajado casi un año.

ERH ¿Está enmarcada Falsificadores en el llamado realismo sucio tropical? ¿Les gusta el término?

FVM Sí, está enmarcada, hasta que la crítica diga lo contrario.

El término "realismo sucio" fue un truco publicitario publicado en la revista Granta para realzar a los autores norteamericanos que escribían de una manera diferente, minimalista, en los sesenta y setenta y hasta ahora. Acepto el término porque creo que nos queda mejor a los escritores cubanos que a los norteamericanos con ese tono menor que ellos desarrollan. Somos más sucios y más realistas y más desesperados que ellos; Pedro Juan Gutiérrez, Zoe Valdés, Teresa Dovalpage, algunas obras de Daína Chaviano, Ena Lucía Portela, la novela de Padura 'La neblina del ayer', la obra de Lorenzo Lunar y mi novela 'Última rumba en La Habana', tienen un cierto aire de familia, porque escarban, cada una a su manera en lo más sucio de la sociedad cubana.

Obviamente, la obra de Pedro Juan y la mía son mucho más agresivas, amargas y negras, aunque nos diferenciamos en que él no utiliza demasiados referentes culturales ni el humor ni los juegos de palabra y las técnicas del cine y yo sí. Y el cine es una constante en lo que escribo, porque soy cinéfilo desde niño y estudié cine para complementar la literatura, que era mi interés principal. Esto ha sido notado por distintos críticos, como Pablo Martínez Zarracina y Félix Luís Viera entre otros, que han puesto a 'Última rumba en La Habana' al mismo nivel de la obra de Pedro Juan, como las más importantes e influyentes del llamado "realismo sucio cubano'. Según me dijo el escritor cubano francés Edouard Manet, Pedro Juan es una vertiente popular de esa corriente y Última rumba... es una novela de culto, lo cual espero que no signifique que hay que leerla en una catacumba o en una iglesia.

Pero creo que aparte del realismo sucio norteamericano hay una gran influencia directa o indirecta del neorrealismo italiano en buena parte de la literatura cubana actual.

ERH La novela está aún sin editor ¿Tienen preferencias acerca del país de edición?

FVM Estados Unidos y España. O a la inversa. Eso sería lo mejor, aunque lo ideal sería en Cuba, pero lo ideal nunca se hace realidad. Mañana siempre es mañana. Así que España y Estados Unidos, por la industria editorial que ambos tienen. Pero si otro editor la quiere, podemos dársela con los derechos restringidos a su país, a menos que sea una transnacional como Norma, de Colombia, que publica en toda Latinoamérica. O sea, todo es negociable y nada está escrito en piedra, siempre y cuando sea para el bien del libro y su mayor difusión.

Fotos cedidas por Fernando Velázquez Medina, con Antonio Munoz Molina, el poeta cubano Armando G. Muñoz y el escritor y columnista del diario El Nuevo Herald de Miami, Vicente Echerri, durante la presentacion de la novela Ultima rumba en La Habana en Columbia University, New York; y con Jesús Rivera en su estudio de New Jersey.

Última actualización el Mar132012
 
Jun202011
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Redacción

“Lo que hemos perdido: capacidad de aumentar la mirada lúcida sobre el mundo. Lo que hemos perdido: capacidad de amar. Pero sólo el amor enaltece el juego. Cuando el amor juega, el juego se eleva. Y cuando el juego acaba, el amor abraza”, dice Montenegro.

En el stand de La casa del libro, durante la pasada Feria del Libro de Sevilla, nos encontramos con Ernesto Pérez Zúñiga, que presentó su última obra, El juego del mono, de Alianza Editorial.

Pérez Zúñiga es autor del conjunto de relatos Las botas de siete leguas y otras maneras de morir; y de las novelas Santo Diablo y El segundo círculo, con el que consiguió el XVI Premio Internacional de Novela Luis Berenguer. Entre sus libros de poemas destacan Ella cena de día, Calles para un pez luna, Premio de Arte Joven de la Comunidad de Madrid, y Cuadernos del hábito oscuro.

Última actualización el Mar052012
   
Abr052011
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Redacción

Luis Miguel Rabanal nació en Riello, León, en 1957. Poeta de muy larga trayectoria (?), sus últimos títulos publicados han sido los libros de poemas Mortajas (Eolas Ediciones, 2009), Fantasía del cuerpo postrado (Los libros de Camparredonda, 2010) y la novela Elogio del proxeneta (Ediciones Escalera, 2009).

Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza es la última obra del poeta Luis Miguel Rabanal, una recopilación de cuentos que narran, en palabras de Alberto Rodríguez Torices, "el desarraigo, la pérdida de lo que se ama, ese “extrañamiento” al que conduce el paso del tiempo. De ese obligado paso que conduce de la inocencia a la experiencia devienen estos Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza, penúltima reescritura del universo literario en expansión que Luis Miguel Rabanal nos viene ofreciendo desde hace años.

Por ese universo orbitan los cuerpos violáceos de los fusilados y los furtivos que azotaban los montes, los amantes tristísimos, una vieja demenciada y el abuelo que contaba, los otros muchachos, los niños que fueron nuestros más fieles aliados y nuestros muy odiados enemigos en la piratería de aquellos años. Y como cruces sobre el cuerpo amado de la tierra, Castro, Valdeluna, Montecorral, Ceide, La Otrera, Olleir… Lugares que dibujan una poética geografía que flota sobre la geografía física que la inspiró (una pequeña zona de Omaña, en la montaña leonesa) y hunde sus raíces en la memoria del hombre que recorrió esa tierra, y en ella empezó a aprender las duras y tristes, bellas y amargas lecciones del vivir".

La poética del pasado con el valor de los recuerdos, lo real y lo imaginado, como pequeños flashbacks, marcan el ritmo del reencuentro con la arquitectura de Olleir,  donde gravita el tiempo suspendido. Es la voz y son los gestos, la explosión de la memoria, los lugares heróicos de la historia de Plum el misterioso.

Lo conocí elogiando al proxeneta y me convertí en su pupila, caprichosa de sus palabras, de su memoria, de su instrucción en liturgia y onanismo. A veces pasa; pocas, pero a veces, que el tiempo desbroza recuerdos una vez, solamente una vez, y es dulce.

Última actualización el Mar052012
   
Mar142011
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Redacción

Segunda parte de la entrevista que hicimos el pasado enero a Irene Zoe Alameda. Generosa con el tiempo que nos regaló, relajada ante la cámara, Irene se define fundamentalmente como narradora, como secretaria de lo invisible. Desde el primer instante los minutos carecen de valor convirtiendo la entrevista en un viaje de los de antaño, cargado de maletas y experiencias, de cine y literatura.

Irene reflexiona acerca del aprendizaje, de sus procesos de creación y de relación con los nuevos medios; de la atracción de dos a través del texto tanto escrito como fílmico, del enamoramiento; de la explotación de la imagen femenina y sus estereotipos en el siglo XX; del mundo editorial y sus elecciones; del malentendido que suscitó el falso reportaje publicado en Granta Venezuela: atrás en el tiempo y en el espacio” en el que recrea la visita de su personaje La escritora” a Venezuela, y que dio pie al cruce de cartas con Roberto Echeto; del riesgo que supone al escritor convertirse en producto editorial, y de las consecuencias de la implicación del editor en el texto acerca de la intervención de Gordon Lish en los relatos de Raymond Carver y su fruto.

Primera parte de la entrevista (cine)

Última actualización el Mar052012
   
Dic152010
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Redacción

Hola, Catherine. Estamos celebrando la publicación en castellano de tu libro El último príncipe del Imperio Mexicano. Pero antes de pasar al tema de la novela, ¿podrías hablarles a nuestros lectores acerca de ti: quién eres, qué haces, en fin?

Soy escritora norteamericana con más de 20 años en México. Vine a México en 1986, cuando me casé con mi mejor amigo de la Universidad de Chicago, un chilango, y por eso no había de otra: cuando terminamos los estudios, había que vivir en la ciudad de México. El último príncipe del Imperio Mexicano es mi primera novela, pero he publicado también una colección de cuentos, mucha poesía, ensayos, y una  memoria de viajes en Baja California, Miraculous Air (Milkweed Editions, 2007). Y me encanta traducir. Mi compilación de 24 escritores mexicanos,  Mexico:  A Traveler’s Literary Companion (Whereabouts Press, 2006), incluye mis traducciones de obras de Araceli Ardón, Agustín Cadena, Mónica Lavín, Guadalupe Loaeza, Fernando del Paso y Juan Villoro.

Háblanos ahora de tu novela. ¿Qué te propusiste al escribirla?

La curiosidad y también, a nivel intuitivo, cierto sentido de destino. Había que hacerlo, ¿sabes? Leí un breve capítulo sobre el asunto del nieto de Iturbide y Maximiliano en Maximilian and Juárez, del historiador inglés Jasper Ridley. Me fascinó la historia primeramente porque la madre del niño era norteamericana, y segundo, porque me pareció tan peculiar todo este arreglo secreto entre el Emperador Maximiliano y los Iturbide, descendientes del primer emperador de México.  Pero cuando empezé de leer más, me di cuenta que la historia de cómo el niño se incorporó a la corte de Maximiliano estaba llena de contradicciones, errores y una verdaderamente misteriosa vaguedad. Había que meterme en los archivos para investigar. No tenía idea que me iba tomar tantos años. Me he metido a archivos en varias países, desde Austria hasta México, y a muchos, de hecho la mayoría, en Estados Unidos (varios en Texas, Nueva York, California, y Washington DC). Ya que la familia Irurbide vivió en Estados Unidos tantos años, no es de sorprenderse que los archivos, tanto el del Emperador como el de  la familia Iturbide y, de hecho, el archivo personal del príncipe, Agustín de Iturbide y Green, se encuentren no en México, sino en Washington DC.

En los últimos veinte años se venido dando un auge de la novela histórica. En la época de las editoriales transnacionales, esto pareciera ser un fenómeno global. ¿Cómo te ubicas en relación con esto? ¿Te consideras una escritora de moda?

No me fijé en esto. La verdad me sorprende que haya tanto interés en la novela histórica.  Leo mucho, pero casi no leo novelas históricas.  Eso dicho ya, por fin, empezé a leer War and Peace de Tolstoy.  Espero terminar en 2011. Lo me que urge es la versión del Kindle, ya que la cosa pesa como 6 ladrillos.

Autores de lengua inglesa tan importantes como D.H. Lawrence, Graham Greene, Malcolm Lowry, Patricia Highsmith, Anais Nin, Jack Kerouac y muchos otros han escrito sobre México. ¿Cómo te ubicas en esta línea?

Hay algunos (e.g., Bruce Berger, Alma Guillermoprieto, Sam Quinones),  pero la verdad hay muy pocos autores en inglés cuyas obras sobre México me interesan. La mayoría, aún autores de grandes obras literarias tales como los de Greene y Lowry, Lawrence y Steinbeck, me parecen dolorosamente superficiales en cuanto al trato de México.

Más bien me considero parte de la tradición de Fanny Calderón de la Barca. Ella era escocesa, esposa del primer embajador de España en México después de la Independencia. Admiro mucho su libro de memorias, Life in Mexico, ya que es una maravilla de vividez.

Como novelista, mis infuencias son más bien algunos que no han escrito ni una palabra sobre México: Henry James, Edith Wharton, y del siglo XX, F. Scott Fitzgerald, Flannery O’Connor, A. Manette Ansay, y el canadiense Douglas Glover. Me encantan los rusos, Chekhov, Tolstoy y Nabokov. Dos novelas especialmente importantes para mi han sido Madame Bovary, de Flaubert y The Leopard, de Guiseppi di Lampedusa. Los dos los leí en traducción al inglés.

Además de ser escritora eres editora. ¿Cómo combinas las dos cosas?

No muy bien. Es un poco como aceite y agua. No obstante, es cierto que gracias al haber jugado el papel de editora, como escritora tengo más aprecio para el labor de los editores.

Hasta ahora, tu obra literaria parece estar dirigida a lectores de Estados Unidos y de México. ¿Has contemplado la posibilidad de llegar al público de otros países?

Encantada y espero tener noticias próximamente.

Pensando en El último príncipe del Imperio Mexicano, esta novela se encuentra basada en una coyuntura histórica en la cual se vieron involucrados, ya como protagonistas, ya como actores secundarios, ya como influencias indirectas pero importantes, México, Francia, el Imperio Austrohúngaro, Estados Unidos, Bélgica, el Vaticano, la Gran Bretaña, etcétera. Esta característica haría que tu obra fuera importante como novela histórica multinacional. ¿Qué tan a propósito es esto?

Es una novela sobre un periodo fundamentalmente transnacional: la intervención francesa, apoyada por los belgas, los austriacos y el Vaticano;  la imposición de un emperador que era archidique de Austria, su consorte, Carlota, hija del rey de los belgas, nieta del ex-rey Luis Filipe de Francia y prima hermana de la reina Victoria, y etc, laberínticamente. El papel, tanto de los Estados Unidos como de los Confederados y, después de Appomattox, los exConfederados, también hay que tomarlo en cuenta. así como la geopolítica del Caribe y el hermano imperio de Brasíl, y pues, todo el contexto internacional. Hay que recordar que Francia ya estaba en Africa y Asia, los británicos en India  y demás, en resumen, que es imposible entender la intervención francesa en México fuera de este contexto.  En otras palabras,  es imposible consider a los 1860s en México como nada más “historia de México,” tal cual, así como algo que pudiéramos examinar bajo una campana de vidrio.

En una entrevista anterior, comparas la intervención francesa en México con la ocupación de Irak por parte de Estados Unidos. ¿Podrías abundar sobre este tema?

Lo que a mi me pareció muy  interesante era la tensión en el momento en que una gran cantidad de gente empieza reconocer,  muy en contra de su volundad, que el proyecto, tal cómo estaba pintado, está en camino al fracaso. Esta disonancia cognitiva. Tantas conversaciones confusas, llenas de reticencia, coraje y miedo. El creciente golfo entre lo que se dice públicamente y lo que saben los conocedores. La ingenua habilidad del ser humano de engañarse a si mismo. Como materia para una novelista, todo esto es rico, rico.

También recuerdo haberte oído decir que cada vez que le acercamos una vela al pasado, iluminamos también el presente. En este sentido, leyendo El último príncipe del Imperio Mexicano, se tiene la impresión de que la situación social que imperaba durante la intervención francesa —una situación de inestabilidad, incertidumbre, ingobernabilidad, barbarie, bandidaje, violencia endémica— se parece mucho a la que impera actualmente en muchas regiones de México. ¿Estabas consciente de reflexionar críticamente sobre el presente cuando te hallabas escribiendo sobre el pasado?

No, es que empecé el libro hace muchos años, y de hecho terminé la mayor parte en 2006. Para reflexionar sobre la actualidad, es mejor, pienso yo, escribir para un periódico o blog. Como novelista, no sabes cuándo te van a leer. Puede ser ahora, en 2010, 2011, o quién sabe, en 2081. ¿Qué sería la actualidad para tal lector en aquel entonces? Dios sabe. El papel de la novela es dar al lector la experiecia de ser otra persona, vivir una vida que no es suya, para así enriquecer la suya. Y el lector siempre va a reflexionar y ver ciertas congruencias, sean lo que sean, entre su presente y este pasado.

Volviendo a tu metáfora de la vela que, al acercarse al pasado, ilumina también el presente, ¿dirías que su luz alcanza también el futuro?

Claro que si. Y si el pasado parece extraño, el futuro aún más.

Yo definiría El último príncipe del Imperio Mexicano como una historia de amor y poder. ¿Qué piensas al respecto?

Tienes razón. También diría que es acerca de la compasión y el perdón.

Has dicho que empezaste a escribir cuento como una manera de ir entrenándote para llegar a la novela. Sin embargo, William Faulkner decía que escribir cuentos es más difícil que escribir novelas. ¿Qué opinas de esto?

Para mi, como quizá para la mayoría de novelistas, empezar con cuentos ha sido lo más fácil y en parte porque muchos empezamos en talleres. Un típico taller es, digamos, una docena de escritores y el líder, todos alrededor de una mesa, por un par de horas una vez a la semana. Por su brevedad, claro que es infinitamente más fácil considerar cuentos en un taller.  ¿Cuál es más fácil de verdad? Pues, depende, porque hay novelas magníficas que han salido como pan del horno y cuentos mediocres que han requerido años de la más tediosa labor. Para Faulkner puede haber sido el caso. Pregúntame otra vez cuando haya escrito más novelas.

¿Piensas volver a escribir cuentos?

De hecho estoy a la mitad de una segunda colección. Tengo mis ideas pero la musa a veces insiste en otras. A ver.

Una última pregunta: alternas tu trabajo creativo con tus talleres literarios. ¿Qué es lo que más te gustaría que tus alumnos aprendieran?

La narrativa es una especia de sueño vívido. Por eso, me gustaría que aprendieran cómo reconocer y, luego, cómo utilizar ciertas técnicas que les permitan capturar la atención del lector y darle instrucciones, tanto económicas como eficaces,  para que él forme el “sueño vívido” en su mente .

Gracias.

Gracias a ti. Ha sido un honor.

Entrevista realizada por el escritor: Agustín Cadena

Última actualización el Mar052012
   

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