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Literatura

Sep232014
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Redacción

vespertinos-elrollohigienico

Por varios minutos, que nadie cuenta, tres dedos le soban el mismo pedacito de espalda, hasta que el poliéster de su vestido azul despide un calor incómodo. Entonces él, con parsimonia y suavidad, muda su mano al hombro y, con una tranquila sonrisa en los labios, la escucha.

Su voz ronca lleva hilvanada una risa sin edad que torna divertidas las cosas más insulsas que le ocurrieron aquel día y que ahora repasa para él con travesura. Su detallada bitácora consume sin prisa los minutos. Cuando al fin termina, hace una larga pausa, interrumpida sólo por sus sorbos a un café casi tibio. Al retomar él su monótona caricia, ella le deja caer su mano en la entrepierna y disfruta el silencio.

Entre los ríos de gente que esa tarde cruzan la Alameda a toda prisa, sólo algunos tienen un par de segundos para notar la placidez de aquella pareja madura, tan ajena a la nube negra que corona el sauce bajo el que se han sentado. Quizá más tarde, cuando ya estén guarecidos de la tormenta que está por caer, esos transeúntes los recordarán y se preguntarán cuál es su historia.

¿Cómo habrían de saber que, apenas media hora antes, la serenidad de este hombre moreno, entrecano y de poca altura se había visto trastocada por el desparpajo de la pelirroja –o algo así– que frente a él se masajeaba el pie derecho no como aliviándose un dolor, sino regalándose un sencillo placer? Con paciencia, él esperó a que las dos estudiantes que estaban junto a ella continuaran su camino para dejar libre el asiento. Entonces, con una agilidad de la que ya no se creía capaz, se deslizó hasta esa banca y se sentó en un extremo. Resolvió tomarse su tiempo antes de dar el siguiente paso. La tregua no duró mucho; la mujer le hizo una pregunta inaudible, obligándolo a recorrer los cincuenta centímetros que los distanciaban y, con ello, a ponerse absolutamente a su merced.

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Para cuando decidieron ir a buscar un café para ella fuera del parque, habían dejado de ser dos extraños, pero aún no eran nada más. Al volver,poco después,eligieron la misma banca y en ese gesto compartido sintieron que se habían convertido en algo ya.

Ahora, piadosa, la tormenta los indulta y se retira con discreción. La noche llega poco después y halla ahí una caricia tan cansina como fiel y un pie descalzo sobre la pierna de un hombre sorprendido por su propia audacia, pero consciente de que ésta, como al viento de esa tarde, no le alcanzará para llegar más lejos.

Con las petunias arrancadas sigilosamente a una jardinera de Polanco, el hombre de traje se confecciona un sencillo ramillete que guarda en el bolsillo interior de su saco para protegerlo no tanto de la insolencia de los curiosos como de los sofocantes vapores de la Línea 1. Para cuando desciende en Pino Suárez, las flores ya están algo maltrechas, no así su presencia de ánimo.

Durante la espera, sus pies cuelgan un poco de la banca de concreto, dándole un aire algo infantil. Ese detalle le pasa desapercibido, como tantas cosas que ocurren a esa hora en la Plaza del Aguilita. Como los dos partidos de futbol que se juegan simultáneamente en una inverosímil coreografía. O como la mujer que lo mira con insistencia desde hace un rato. Cuando al fin lo advierte, se levanta y, sin mayor preámbulo, se dirige hacia ella.

—Toma, son para ti –le entrega el ramo desfallecido.

Ella alarga una mano cargada de pulseras y con las uñas cortas pintadas de coral. Acepta las flores con una media sonrisa y se las lleva a la nariz, aspirando ruidosamente un aroma que ya no tienen, que nunca tuvieron.

—Cuéntame de ella –le suelta así, sin más.

No es que él quiera negar que ha sido plantado, es sólo que su claridad lo toma por sorpresa.

—Sí, ella, para quien trajiste las flores –insiste la mujer.

Sin nada que perder, él le cuenta cómo se conocieron décadas atrás, en un cine. Ella era la encargada de la dulcería y él iba tan seguido como podía. Le habla, sin detalles, de los recovecos que ofrecía lavespertinos-elrollohigienico 2 inmensa sala oscura para los jóvenes impetuosos que entonces eran. Le dice cómo le gustaba a ella corregir el guión y proponer, entre beso y beso, finales alternativos a cada historia.

En su plática abundan las referencias a películas y actores olvidados, a salas hace tiempo derruidas y a golosinas que ya nadie apetece. Él habla sin mirarla; ella lo escucha primero con arrobo, luego se aburre. Ensaya entonces miradas cortas y cargadas de intención, como si la estuvieran retratando en close up para una película de 1949. Entorna los ojos, los abre; entreabre los labios, los cierra. Olisquea las flores desfallecidas y las deja caer antes de alejarse, sacudiendo su melena caoba. Él tarda en darse cuenta de que las luces han comenzado a encenderse en la plaza. Que la función ya terminó.No hubo quien rectificara esta vez el final simplón de una indecisa tarde de llovizna.

***

La paz, que nunca ha residido en esta ciudad, tampoco ha sido el signo de las aves que tapizan la vieja plaza de Loreto. Feas, grises y voraces, se han apropiado de cuanto nicho existe en bodegas, vecindades, el campanario del templo jesuita y hasta la Escuela Nacional de Ciegos. Su estiércol blanco lo cubre todo, incluso las bancas; el hombre enjuto que hace cortos paseos frente ala iglesia no se anima por ello a sentarse un rato.

—¿A quién buscas? ¿Qué compras? –le pregunta una mujer a bocajarro.vespertinos-elrollohigienico 3

Su mirada incauta le revela que él no está ahí para buscar lo que tantos otros sí. A esa hora incierta en que la zona despide a sus clientes diurnos, aparecen otros, hordas de extraviados que se mimetizan conlos árboles flacos y se ocupan de un comercio clandestino, impreciso, sin honor.

Lamandíbula saliente de la mujer y su pañoleta colorida, tan dispuesta a jugar con el viento, le dan un aire brujil. No se le conocen artes oscuras, pero nadie duda que las posea. Es así como tiene salvoconducto para recorrer a su gusto la pequeña plaza virreinal; su protección alcanza incluso para aquel hombre que le sonríe desorientado. Cuando ella lo toma de la mano con resolución, él se la aprisiona con una fuerza que poco corresponde a su mirada mansa. Disfrutando el apretón inesperado, pega a él su cuerpo delgado mientras recorren juntos el perímetro de Loreto.

El aire cargado de humedad ablanda sus labios resecos, pero ella no los abre, ocupada como está en adivinar las circunstancias del hombre a su lado. Estoico, él resiste los golpes de la pañoleta en su cara y el persistente silencio. La tarde se va tornando violenta y hasta los pichones que recogen las últimas migajas antes de irse al nido están inquietos. Las nubes cargadas despiertan temor en los supersticiosos y tornan lúbricos a los más avispados.

Una electricidad recorre a los dos que marchan. Él sabe que se necesita poco para llevar a esta mujer a donde él proponga, pero aún no tiene plan de vuelo. Repasa sus opciones en términos de monedas, de horas, de ganas... Cuando están por completar una tercera ronda, le suelta la propuesta.vesperinos-elrollohigienico 4

—¿Y si vamos al cine Venus? No está muy lejos de aquí; ahí podremos estar a gusto mientras pasa el agua.

El viento al fin le arranca a ella la pañoleta y su cabello rojizo se libera como en estampida. Lo mira decepcionada, para luego desaparecer entre los fantasmas vivos que ahí pululan. Sobre él caen gotas gordas y pesadas, como castigando su torpeza.

En el campanario, el arrullo de los pichones no invita a la paz ni al sueño. El aguacero es un canto bélico y, bajo su influjo, dos sombras reviran sus pasos para reencontrarse en un quicio. Se guarecen del viento frotando sus cuerpos vespertinos y de su rescoldo nace una llama diminuta.

A la distancia, los fantasmas de la plaza se estremecen a la vista de ese fuego fatuo. Uno de ellos llora.

Última actualización el Sep232014
 
Abr012014
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Redacción

Irene Zoe-elrollohigienico

WA. Últimos días de Warla Alkman, es el título del último trabajo literario de Irene Zoe Alameda, una novela experimental que narra el viaje emprendido por su protagonista, Warla Alkman, para obtener un manuscrito inédito y póstumo de Graham Greene.

Publicado por Edhasa, dentro de su colección 'El contador de Historias', WA. Últimos días de Warla Alkman es la segunda novela de Zoe Alameda, una obra salpicada de humor y teatralidad, un experimento narrativo que se sustenta en los múltiples puntos de vista desde los que se cuenta la historia y se completa con referencias multimedia que transcienden el soporte físico y redirigen al lector a buscar fuera de la obra otras respuestas.

RH- En este trabajo, como en los anteriores, tanto literarios como audiovisuales, aparecen el sueño, el viaje, y la muerte como desencadenantes ¿Alguno de ellos forma parte de tu vida? ¿Conforman estos medios una suerte de espejo donde te reflejas?

IZA- Todos esos elementos configuran, en efecto, mi universo imaginal, que se nutre de mi experiencia. Conocí la muerte muy temprano, con el fallecimiento de mi hermana a mis cinco años. Con ocho fui testigo de la desintegración de mi abuelo materno por el Alzhéimer y hace diez años perdí a otro hermano, que se suicidó. Esas vivencias son traumáticas y te hacen experimentar la realidad desde el desapego; es ahí donde entran el sueño y el viaje, porque ambos reflejan ese "no estar" en ningún lugar del todo.

RH- A pesar de los guiños y las citas a Alicia y Levis Carroll en este libro, creo que igual de importante son Mary Shelley y su monstruo Frankenstein, quizás por ese juego de espejos donde uno confunde su propio yo con su idea de sí mismo, el monstruo y su creador. ¿Te sucede esto a ti con Warla?

IZA- Un amigo psiquiatra me dijo hace unos meses que las criaturas siempre acaban dominando al creador, y tiene razón. Esto ocurre porque los escritores, aunque contemos historias que no son reales, paradójicamente somos las personas que acabamos dejando los testimonios más verdaderos de nuestro tiempo; no sólo los más veraces, sino los más verdaderos, y eso lo logramos mediante la metáfora. Warla Alkman es una metáfora en todas las dimensiones que se puedan encontrar. Así la creé, y así ha terminado creándome ella.

RH- En cierta ocasión, Juan Rulfo dijo que una de las cosas más difíciles que le había tocado hacer era eliminarse a sí mismo como autor, para no entrar en la divagación del ensayo, en la elucubración. El mismo Rulfo concluye que en la novela cabe todo, y así lo observamos en "WA Últimos días de Warla Alkman" ¿Cómo te has diversificado?

IZA- Cuando terminé Sueños itinerantes me di cuenta de que tenía que acabar conmigo para poder escribir Warla Alkman. Estaba hastiada de mi identidad, era un hastío metafísico, estaba embotada del punto de vista que había construido para Teo, la voz de mi primera novela. Me dije: "Ahora vas a hacer lo contrario de lo que has hecho hasta ahora. Antes estabas dentro, ahora vas a salir del todo, vas a desubicarte hasta el límite." Esa desubicación me llevó a la fragmentación, como término opuesto a la unicidad de Teo. Por eso desarrollé a Galatha -de Reber-, y a Amy Martin, y a una tal Irene Zoe que aparece también en los mosaicos de Estambul... Y por encima de ellas, a otros personajes que son representaciones del yo y a la vez encarnaciones de otros, que rodean a Warla Alkman. Me inspiré en Cervantes, y por eso le dediqué un encuentro en el más allá con Warla, en el episodio de la Sombra del Hombre Desconocido.

RH- Warla emprende un viaje que la lleva a la muerte. Durante su recorrido, en busca del manuscrito de Greene y de la misteriosa Amy Martin, Warla dialoga sin descanso y sienta las bases de su propia teoría estética ¿Se diluye Warla cuando asume su condición de sujeto literario? ¿Está el talento creador en continuo desequilibrio como parece desprenderse de la travesía de Warla?

IZA- Se diluye por completo, como nos diluimos cuando intentamos expresarnos. Cada acto de re-presentación es una invención y la invención nos aleja de la entidad física que somos. Por eso es tan clarividente la frase de Shakespeare en Hamlet que cita Gil de Biedma: "All the rest is silence".

RH- ¿Amy es la conciencia de aquello a lo que aspira Warla?

IZA- Sí y no. Es simplemente otro camino, otra vida paralela posible que se desprende de opciones que también se desearían tomar pero que en la precariedad de habitar un tiempo y un espacio no se han tomado. Es la posibilidad de hacer posible un sueño que también debería ser real. Los superhéroes pueden vivir dos vidas, la pública y la secreta, aunque para ellos sea precisamente lo público lo que deben mantener en secreto.

RH- Pessoa decía que el poeta era un fingidor ¿Se tiene el escritor que desprender de su yo social para escribir grandes obras? Amy lo lleva hasta las últimas consecuencias.

IZA- El yo social es una carga pesadísima que se adensa más conforme pasan los años. El peso de las expectativas que otros proyectan sobre ti es algo que o te paraliza o se te impone. Hay una tercera opción, que es mandarlo todo al carajo y reinventarte con cada nueva obra. Eso cuesta mucho porque supone cambiar de compañeros de viaje con cierta frecuencia, y antes que eso supone soportar extorsiones y reproches. Pero te permite redescubrir el mundo sin miedo, con curiosidad y sin falsas asunciones.

RH- El año pasado, el escritor y dramaturgo Raúl Herrero publicó "Cervantes de perfil o la venta de los milagros" y "El despachito", dos piezas teatrales. En la primera, Cervantes convive con Don Quijote y Sancho Panza. En tu libro Warla dialoga con el fantasma de Cervantes ¿Hay en todo esto una campaña de acercamiento y reivindicación a favor del autor del siglo de oro?

IZA- Creo que los escritores llevamos de campaña a favor de Cervantes desde hace siglos, esa campaña la iniciaron autores como Laurence Sterne en el Reino Unido en 1759. Cervantes abrió las compuertas de la imaginación en la literatura desde la generosidad, la bondad y el buen humor. Es el maestro del paradigma narrativo en el que todavía estamos, y del mismo modo que Dante se encuentra con Virgilio en la Divina Comedia, quise que Warla se encontrara con Cervantes.

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RH- Hoy el concepto "transmedia" está de moda, a pesar de ser un juego que nos acompaña desde los albores de la humanidad ¿Es importante ubicarse bajo este paraguas para no caer en la caducidad?

IZA- Desde que los seres humanos intentan captar vivencias para comunicárselas a otros, han echado mano de cuantos medios de representación han tenido a su alcance. En ese sentido, es normal que los narradores actuales empleemos medios audiovisuales que superan la palabra escrita. No hay nada de especial en ello, salvo que hay que ser capaz de producir esos contenidos y además encontrar una editorial dispuesta a experimentar.

RH- Los proyectos transmedia suelen habilitar espacios en internet para el lector con el objetivo de provocar un feedback. Echo en falta esto con "WA Últimos días de Warla Alkman".

IZA- Mi web alberga las páginas a las que llevan los códigos bidi del libro impreso. El ePub contiene directamente los archivos audiovisuales que construí para la obra. Pero rehuí el diálogo con el lector en un soporte tipo blog, la comunicación bidireccional a propósito de cada contenido, porque Warla Alkman constituye un universo cerrado, de ahí que no sea una obra online, sino un "libro", en el sentido originario de "biblos". Los contenidos de la web tienen una fecha de caducidad de cinco años, y yo dentro de cinco años no estaré pensando en esta obra, pero quiero que siga siendo accesible para los lectores. Warla Alkman es una obra narrativa cerrada, aunque contenga fotos, dibujos, viñetas, vídeos o animaciones, y en eso resulte vanguardista.

RH- Utilizas el QR como elemento novedoso, para abrir la narración en otros medios y formatos ¿Esa contextualización es necesaria, es un juego, o ambas cosas?

IZA- Es ambas cosas. Desde luego es un juego porque soy consciente de en qué momento histórico vivo y sé cuán extraño resulta el experimento de Warla Alkman ahora. Sin embargo, sospecho que ese experimento dejará de ser raro paulatinamente hasta resultar natural. Por otro lado, el guiño a la novedad forma parte del planteamiento de esta obra, sin él no sería lo que es. Yo me considero una narradora, y ser narradora hoy por hoy permite contar historias en diversos medios. Del mismo modo que pienso que una canción pop y un vídeoclip pueden ser un poema y ser más que un poema (y la lírica casi siempre ha convivido con la música), sé que la literatura palpita debajo de una buena película, o que una imagen a veces completa, sustituye o impulsa las palabras. Una contadora de historias elige narrar y para narrar escoge las herramientas que mejor le sirven en su propósito.

RH- En WA..., también, pones particular empeño en hacer ver una secuencia fotográfica de tus vídeos como un cómic. Esa agrupación de fotos se aproxima estéticamente más al género de la fotonovela de los años sesenta y setenta ¿Por qué lo llamas cómic?

IZA- Lo de cómic es un guiño a los superhéroes. Con Golem y Galatha creé dos personajes extrambóticos, que llevan capa, se disfrazan, no sienten emociones y no logran relacionarse con la gente, aunque intentan imitarla. Todo superhéroe es un poco Asperger, y los personajes de Reber también lo son.

RH- Hace unos meses la bloguera sargento Margaret y la Patrulla de Salvación ocuparon el islote de Redonda por la fuerza. Ahora leemos que Warla se desplaza hasta allí y coloca una bomba casera. ¿Qué tipo de fascinación despierta la isla de Redonda en las escritoras, que os empeñáis en atacarla en la ficción? ¿Perseguís la abdicación de Javier Marías como rey de dicha isla o el trono consorte?

IZA- Espero que mi admiración por Javier Marías se note en el libro. No hay que olvidar que el Rey de la novela es un imitador envidioso de Marías, y por eso se compra una isla a la que denomina "Oval". Y es en la Isla de Redonda donde habita el fantasma de Cervantes, no en la Oval. El juego literario que planteo en Warla Alkman tiene ecos de muchos modelos de escritores, pero uno de los pocos que no están retratados desde el arquetipo es Marías.

RH- Imprescindible en la novela, pero... ¿Cómo lleva tu hermano su muerte en la ficción?

IZA- Mi hermano Daniel me ayudó a representar a Fernando, que es el verdadero muerto. Lo suplantó por amor, como por amor escribí yo mi novela. Warla Alkman es, sobre todo, una elegía, un lamento.

Última actualización el Abr012014
   
Nov262013
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Redacción

Patricia.Muñiz-elrollohigienico

Patricia Muñiz, es la autora de "Corriente Sanguínea" y "Play Room", editadas por Underbrain Books, y más recientemente del libro electrónico gratuito "Cerdo ruin, hombre gato".

En 2008 obtuvo el primer premio de relato corto en el Festival de Terror y Gore de Molins de Rei, y sus relatos y colaboraciones están presentes en diversas publicaciones.

En sus trabajos, Patricia propone personajes femeninos que dibujan el perfil de todas esas mujeres que luchan por salir adelante enfrentándose a la sin razón que las rodea. Los paisajes que transitan sus protagonistas tienen un regusto salvaje, los de estos tiempos en los que la tecnología, en lo que tiene de real y figurado, conforma escenarios que nos son muy conocidos y que parecen acentuar todo lo bueno y todo lo malo del ser humano. En este terreno, Patricia Muñiz se mueve traspasando los límites, mezclando géneros y apelando al sentido común de sus protagonistas que consiguen seguir su camino con algo más ganado que perdido.

ERH: ¿Quién o qué te motivó a lanzarte profesionalmente como escritora?

Patricia: En 2011 publiqué mensualmente las primeras entregas online de Corriente Sanguínea, para la revista digital Underbrain Mgz. Era una especie de folletín que mezclaba thriller, erotismo y gore, y que tenía muy buena aceptación por parte de los lectores. Por eso decidí acabar la historia y completar la novela con la colaboración de Bouman, quien se encargaba de ilustrar los capítulos. El propio Bouman tomó la iniciativa y el riesgo de editar Corriente Sanguínea en una serie limitada de 150 ejemplares. Siguiendo sus impulsos, Bouman acabó fundando la editorial Underbrain Books. Por mi parte, ese fue mi estreno como escritora profesional. Hasta entonces había participado en fanzines y ganado algún concurso, pero no me había lanzado a la aventura de publicar un libro con todo lo que conlleva: promoción, ventas, presentaciones, etc.

ERH: "Corriente sanguínea" fue tu primera novela de tan sólo cien páginas, y ha sido considerada como un vertiginoso thriller violento ¿Qué puedes contar de esa primera experiencia?

Patricia: En aquel momento no era consciente de las puertas que ese libro iba a abrirme. Comenzó casi como un juego. Bouman me había invitado a escribir una historia por entregas que fuera lo más transgresora posible. Así nació La Taquillera, un personaje extremo que se veía envuelto en una trama frenética. Aunque la novela tenía bastantes momentos violentos y escatológicos, intenté no perder en ningún momento la perspectiva femenina. Crucé muchos límites y me divertí mucho escribiendo Corriente Sanguínea.

ERH: De "Play Room", tu segunda novela, se ha hablado y escrito mucho ¿Está concebida para un determinado público?

Patricia: La vida es una aventura. Una aventura en la que la tecnología tiene, y cada vez tendrá, mayor protagonismo. Es imposible escapar a ella, y a la vez es difícil convivir con ella. La mezcla entre los impulsos primarios del hombre y ciertos avances científicos, es un cocktail explosivo. A partir de ahí, yo quería hablar de los cambios físicos, del pánico al descontrol y del poder del subconsciente sobre la razón. Supongo que estos temas tienen un público determinado, pero no escribí Play Room pensando en ello. Me dejé llevar.

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ERH: ¿Crees que el lector va buscando escenas de sexo?

Patricia: No, en absoluto. Yo creo que el lector se siente atraído por la historia y ve con naturalidad las escenas eróticas. Venimos de un periodo demasiado puritano que no conecta con la madurez de los lectores. Si las escenas eróticas son buenas, el lector la disfrutará, y si son malas, pasará de largo. No "cualquier" sexo vende. Hay demasiada oferta y a nadie le gusta perder el tiempo.

ERH: La literatura erótica siempre ha existido ¿El éxito de ciertas novelas en la actualidad denota falta de memoria en el público, o es simplemente fruto de una buena estrategia de comunicación?

Patricia: Yo creo que lo que está sucediendo es una especie de destape de la novela romántica, en la que el erotismo siempre ha tenido mucho peso, aunque no fuera explícito. Es lo que comentaba antes. El novelista ya no tiene que ser recatado. Los romances implican sexo y recrearse en ello está perfectamente aceptado por parte de los lectores. Aunque, insisto, detrás tiene que haber una buena historia, que esté bien escrita y que permita hacer volar la imaginación. El sexo por sí mismo no se sostiene.

ERH: Hace unas semanas la ONG Terre des Hommes creó a "Sweetie", una menor virtual de 10 años, con rasgos orientales. La mascota atrajo a cientos de pederastas en internet. En tan sólo dos meses veinte mil personas picaron el anzuelo, y la policía holandesa obtuvo una lista con 1.000 individuos de diferentes nacionalidades que anhelaban sexo virtual con la menor. ¿Qué tan cerca está "Play Room" de convertirse en realidad?

Patricia: No estaba al corriente de lo sucedido con Sweetie y me parece lamentable. Ahora bien, dejando de lado temas escabrosos como pederastia o la violencia de género, no cabe duda de que la realidad virtual puede aportar satisfacción sexual. El sexo está en la mente. Por fortuna no es una cuestión meramente genital. De ahí que la oportunidad de enriquecer nuestra vida sexual gracias a la tecnología me parezca una idea atractiva. Sé que se está trabajando mucho en este sentido para mejorar la sexualidad de personas con discapacidades físicas. La tecnología tiene un lado bueno que no debemos obviar acusándola de todos los males de la sociedad. La maldad está en las personas, no en la tecnología. Ella nos ayuda a saltar barreras. Nuestro reto, como sociedad, es rechazar que sea utilizada como brazo extensor de los abusos.

ERH: ¿Te asusta el tema?

Patricia: Me asusta más en un sentido orwelliano. Ya se está utilizando como mecanismo de control social. La pregunta es ¿Hasta dónde llegará esa vigilancia?

ERH: ¿El que un lector se encierre en el baño con una novela erótica es un éxito para el escritor?

Patricia: Si al lector le gusta tanto la novela que no puede separarse de ella ni para ir al baño, supongo que puede considerarse así. En cualquier caso, el éxito del novelista es conectar con el lector y transmitir la historia.

ERH: ¿Las publicaciones eróticas pertenecen a un género un tanto descuidado?

Patricia: No, para nada. Hay obras importantísimas que pertenecen al género erótico. En el caso de los cómics, encontramos a grandes artistas como Milo Manara o Guido Crepax. El último álbum de Nacho Casanova Porno-gráfica (Diábolo, 2013), que he tenido el placer de prologar, es un claro ejemplo de publicación erótica muy bien cuidada.

ERH: Más recientemente has publicado "Cerdo ruin, hombre gato" en formato digital, y gratuita para su descarga. ¿Y esta generosidad?

Patricia: Al diseñar mi propia web me pareció interesante tener un apartado de descargas gratuitas. En principio estaba pensado para colgar capítulos de muestra de mis anteriores trabajos, pero las características de Cerdo ruin, hombre gato, propiciaban que también fuera un libro digital. Además, quería publicarlo simultáneamente en mis dos lenguas maternas, castellano y catalán, cosa que dificultaba hacerlo a través de una editorial. Cerdo ruin, hombre gato, es una obra muy personal, que retrata mi barrio tal y como era en mi infancia. No quería postergar su publicación y por eso decidí que fuera accesible desde mi propia web: patriciamuniz.com.

ERH: Aquí encontramos un texto bien diferente de tus anteriores publicaciones ¿A qué se debe este cambio de registro?

Patricia: El boom de lo erótico ha favorecido la divulgación de Corriente sanguínea y de Play Room, pero ahí no acaban las historias que quiero explicar. Aunque tengo intención de seguir escribiendo novelas y guiones de temática erótica, no pienso dejar de lado otros géneros o estilos con los que también me siento cómoda. El relato fantástico, la narrativa intimista y la poesía, siguen y seguirán conmigo.

ERH: ¿Va dirigido a un público más joven? ¿Cómo te sientes con este cambio de personaje?

Patricia: Al contrario, creo que va dirigido a un público adulto. Quizás incluso lo puedan disfrutar lectores de otra generación. Es una historia iniciática con mucha melancolía. Hay quien la ha calificado de entrañable. Además, creo que la ausencia de escenas sexuales facilita que personas mayores se sientan cómodas leyendo las aventuras de Alcides Pardo y su pandilla.

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ERH: A pesar de las diferencias encontramos ciertas constantes en "Cerdo ruin, hombre gato" y "Play Room". La aventura, el sueño, el fuego...

Patricia: Eso son cosas que el escritor no planea. Supongo que se nota que ambas obras han salido de las mismas teclas.

ERH: En este último trabajo se menciona a un mendigo al que se quema. También el director de cine Joan Frank Charansonnet está ultimando la producción del largometraje Ánima, inspirado en Mª de Rosario Endrinal, la indigente que fue quemada viva por varios jóvenes un cajero de Barcelona ¿Es una forma de hacer justicia, de no pasar página, y mantener la atención?

Patricia: El caso de Mª del Rosario Endrinal me tocó por su sinsentido. Sucedió en un cajero cerca del instituto de secundaria donde estudié, y esa proximidad también me impresionó. Creo que, de algún modo, estamos en una sociedad que acepta y justifica la insensibilidad y la crueldad más estúpida. Espero que el ser humano evolucione en ese sentido. Estoy en el grupo de quienes desprecian a los que desprecian la vida de otros seres humanos. Respondiendo a la pregunta, sí, es un pequeño homenaje.

ERH: ¿Cómo ves los nuevos formatos digitales? ¿Ventajas e inconvenientes?

Patricia: Pues veo más ventajas que inconvenientes. Complementan al papel y al resto de soportes tradicionales. Eso sí, ante el alud de información, el reto del artista es hacerse ver.

Última actualización el Nov262013
   
Sep162013
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Redacción

el.hombre.que.amaba.a.las.niñas-elrollohigienico -jpg

Lewis Carroll, el escritor y polifacético artista que inmortalizó a Alice Liddell en sus obras "Alicia en el país de las maravillas" y "A través del espejo y lo que Alicia encontró allí", continúa despertando un gran interés. Prueba de ello es el volumen "El hombre que amaba a las niñas", la mayor recopilación en español de cartas y fotografías captadas por Lewis Carroll, publicado por Editorial La Felguera.

El legado del escritor, numerosos diarios, unas 700 cartas y 600 fotografías, sirve a Servando Rocha, responsable de La Felguera, para trazar un mapa de las motivaciones de Carroll, un autor con una obra iluminadora y singular, según palabras del propio editor, con quien conversamos acerca del personaje y de la selección que ha realizado de todo este material.

ERH - Cuando la obra de un artista transciende parece que hay un interés especial en buscarle un lado oscuro. ¿Qué valor tuvieron las debilidades de Carroll en su época y si hubo algún tipo de transcendencia?

SR - Es cierto, aunque en este caso nuestro interés partía de algo que creo que es cierto: la obra de Carroll (iluminadora y singular) ahora puede entenderse y conocer su alcance una vez leías estas cartas y visto parte de sus fotografías con sus amigas-niñas. El personaje de Alice Liddell, por ejemplo, es sin duda inseparable de la relación sentimental y veneración que Carroll tuvo con ella. El título que hemos elegido no busca tanto indagar en esa herida sino insinuar que, efectivamente, era amor lo que sentía Carroll. Nosotros no hemos querido dirigir la mirada del lector hacia la pedofilia. Eso sería muy sencillo y, por esta razón, hemos incluido un estupendo prólogo donde se explica con detalle la táctica de ocultamiento de esta parte de su historia por parte de sus herederos. Al tratarlo desde este punto de vista, pretendemos llegar a algo que está en el corazón del arte: nuestros héroes son de carne y hueso e incluso tuvieron ciertas debilidades que es necesario comprender y, en su caso, aceptar. Eso los hace más reales y el mito se vuelve comprensible. Brassai, que es un experto en Carroll, hizo estas afirmaciones. «En cuanto sus sentidos se despertaban y sus senos crecían, era el fin y el honorable clérigo se veía condenado a reemprender la caza», una «caza» que con frecuencia comenzaba paseando con una maletita llena de juguetes por si se presentaba la ocasión y que abría cuando descubría a una niña que le interesase para, de esta manera, ganarse su confianza. Sin embargo, tanto él como otros biógrafos (Stilman, Cohen...), rechazan que estemos ante alguien que abusase de las niñas. Todos ellos, de una forma o de otra, recondujeron esta peculiar obsesión en términos de genialidad artística: el mismo misterio que encerraban los acertijos presentes en Alicia en el país de las maravillas o Alicia a través del espejo, debía aplicarse a este asunto. Jamás podría señalarse de forma clara una respuesta. Los juegos de palabas, tan presentes en su obra, parecen extenderse a su misma vida. «La fotografía es la que permite a este pastor tentado por el diablo exorcizar sus pensamientos impíos», afirma Brassaï, que concluye diciendo que «gracias a ella, la captación de la imagen podía sustituir a la posesión».

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ERH - ¿Ensombreció de alguna manera esta afición suya por las niñas su labor como docente o su trabajo como escritor?

SR - Creo que incluso enriqueció su manera de entender el mundo. Fue inseparable esta relación con sus amigas niñas, sin duda. Un repaso a su biografía nos indica que su desarrollo personal y sus obsesiones acerca de un pecado, una falta o un hecho por el que sentía que ya no era suficientemente "digno" para llevar una vida cristiana (en el sentido que entendía como tal), están directamente relacionadas con lo que hemos publicado. Este «pecado» debió cometerse en algún momento entre finales de los años 1850 y principios de 1860. Aquel pesar aparece en varios fragmentos contenidos en sus diarios entre los años 1862 y 1867: «Pecador, ruin, despreciable; oh, Dios, ayúdame a llevar una vida más santa; [...] que pueda comenzar una nueva y mejor vida. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil; [...] mi vergüenza y mi pesar por el pecado, la frialdad y dureza de corazón [...]; para que me conceda la gracia de perdonar mis pecados del año pasado [...]; para que mi arrepentimiento sea sincero; [...] contra la tentación del demonio y las inclinaciones de mi propio corazón pecaminoso». Como docente, en cambio, sufrió por esta parte de su vida, que él siempre intentó por todos los medios que fuese algo privado y que pocos, muy pocos, lo supieran. Se presentó en todo caso como un artista, un fotógrafo o un hombre fascinado con la infancia que veía pureza en el desnudo, aunque ese desnudo fuese selectivo: los niños no le interesaban en absoluto y veía en ellos propiedades atroces.

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ERH - ¿Las otras obras que escribió Carroll se consideran menores con respecto a los dos libros escritos sobre Alicia, o fue simplemente una cuestión del marketing de la época el que no hayan alcanzado la misma transcendencia?

SR - Creo que resulta indiscutible que esas dos obras son las obras fundamentales de Carroll. Cuando las publicó, obviamente no existía la industria editorial como la entendemos hoy en día, pero de alguna forma todos los escritores se ven víctimas de esto mismo, es decir, de la necesidad de la industria por alzar a la categoría de obras maestras una o dos obras y considerar, por tanto, el resto como obras secundarias. En el caso de Carroll toda la obra debe ser vista como un todo, ya que en él la figura del escritor, del fotógrafo o del matemático son inseparables. Sus libros están conectados y su sentido del juego, el misterio o el sin sentido están presentes en toda su obra.

ERH - En 2010 apareció una recopilación de cartas dirigidas por Dodgson a Mabel Amy Burton, ¿Cuántas Alicias hubo en la vida de este autor?

SR - Alice Liddell fue una de las primeras, pero luego, una vez que sucedió eso tan vergonzoso que hizo que Carroll viviera con esa amargura toda su vida, posó su mirada en un sinfín de niñas. Xie (Alexandra) Kitchin, que poseía un gran magnetismo en su rostro y sabía posar magistralmente, fue su nueva musa. Hay muchísimas fotografías sobre ella, algunas de las cuales hemos publicado. Sin embargo, el fantasma de Alicia seguía presente. En 1885 envió una carta a una Alice Liddel ya mayor y casada donde afirmaba lo siguiente: "He tenido montones de niñas–amigas desde entonces, pero han sido algo bien diferente". En este caso, quizás estemos ante una especie de amor loco bretoniano.

ERH - ¿Nos encontramos frente a un Carroll con complejo de Peter Pan?

SR - Bueno, consideraba a la infancia como lo más puro y sincero, un estado de trascendencia y divinidad. De hecho, era un hombre extremadamente tímido y reservado, que solamente podía dar rienda suelta a sus pensamientos en compañía de niños. Creo que su personalidad es excesivamente compleja. Puede que, en este punto, entre el complejo de "Peter Pan", pero quizás muchas más cosas más problemáticas o sofisticadas incluso.

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ERH - En alguna entrevista has comentado "...cuando escribe las cartas él se hace pasar por un niño, no es un adulto escribiendo". Este tipo de comportamiento abunda hoy en internet entre individuos que recurren al juego de la doble personalidad para acercarse a otros. ¿Qué me puedes decir acerca de este recurso y de Dodgson?

SR - Es lo que más me sorprendió al leer sus cartas y uno de los puntos en que me separo de aquellos carrolianos que defienden a ultranza a este. Su relación no era nada horizontal, es decir, paseaba provisto de un maletín con atrezzo para captar y llamar la atención de las niñas que le interesaban. Luego las fotografiaba. Lo más ofensivo para él era que alguien insinuase que había forzado a alguna niña, y creo que esto nunca sucedió, al menos tal y como podemos entenderlo hoy en día. Ninguna niña, años más tarde, relató episodios de este tipo, por lo que creo que buscaba marcos ideales, momentos que pretendía capturar con su cámara, escenas perfectas e idílicas para sus cuentos. Con ello experimentaba un enorme placer. El problema, creo, es que se hacía pasar por niño. Su posición de diácono, de hombre abnegado y entregado al Señor, así como de profesor, parecía avalar la «honestidad» de sus propósitos. Sus habilidades de seducción eran numerosas. También hablaba a sus amigos y les pedía que se ganasen los favores de una determinada familia para, de este modo, ser invitado y acercarse a sus hijas. Es cierto que sus cartas son muy complejas y ricas, pero siempre intenta establecer una comunicación con las niñas entrando en su terreno. No es un adulto, sino un niño extremadamente inteligente y hábil.

ERH - Dices que el interés de Carroll era "no sexual" ¿Qué sentimiento despertaban las jóvenes en el autor?

SR - Belleza sublime, en el sentido clásico. Una belleza que consideraba pura, no corrupta, virginal. Con el desarrollo, llegaba algo innombrable y perdía su interés en ellas.

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Última actualización el Sep162013
   
Mar122013
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Redacción

RicardoDomeneck-elrollohigienico

Nacido en 1977 en São Paulo, Ricardo Domeneck es uno de los máximos representantes de la nueva poesía brasileña. Su primera colección de poemas, Carta aos Anfibios (Carta a los anfibios), se publicó en Río de Janeiro en 2005. A este poemario siguieron Una Cadela sem Logos (la perra sin logos), Sons: Arranjo: Garganta (Sonidos: Composición: Garganta) y Cigarros na cama (Cigarrillos en la cama), publicado en 2011. 

Brasileño y berlinés de adopción, Ricardo Domeneck es un poeta, DJ y video artista ("intervencionista" según Domeneck) que en sus recitales incorpora el video y la experimentación con el sonido. Realiza trabajos videográficos a partir de sus textos en los que explora la capacidad de la voz y del cuerpo para transformar un texto en un acto. Su obra ha sido traducida al castellano y al inglés, y ha sido incluido en varias antologías de poesía contemporánea. 

Además de su actividad poética y performática, Ricardo Domeneck es uno de los editores de la revista en línea Hilda y Modo de USAR & Co. , ha realizado entrevistas en video para otras revistas en línea con artistas y músicos como Bat for Lashes, Ellen Allien, Heinz Peter Knes y Walter Pfeiffer, entre otros; y ha participado en eventos con los escritores Wole Soyinka, Salamun Tomaž y Lian Yang.

Hoy 12 de marzo se lanza su primera obra publicada en Alemania, "Körper: Ein Handbuch" (Cuerpo: Un Manual), una colección de poemas que nos habla del trueque sin oxígeno, de la traducción como ejercicio erótico y explica que el amor es una cuestión de hidráulica y el cuerpo el objeto de deseo, un lugar de la anatomía, una instancia de la percepción del mundo: la historia, la vida cotidiana filosofía, la poesía y el pop, personal y político. Cuerpo es la esencia de sus textos publicados en Brasil, seleccionados y traducidos al alemán por Odile Kennel, e ilustrado por Annemarie Otten.

Con motivo de las jornadas Textropías, celebradas en el ICAS Sevilla el pasado año, tuvimos la oportunidad de hablar con Ricardo Domeneck acerca de su trabajo y del proyecto que presentó en nuestra ciudad, Cuerpo y lengua en contexto.

Última actualización el Mar122013
   

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